Manual del perfecto resistente

2 octubre, 2010

Qué duda cabe de que la Consejería de Educación es una benéfica institución que vela por los intereses del Cuerpo (y del Espíritu) de Profesores de Enseñanza Secundaria. Sin embargo, al igual que las madres con síndrome de Münchhausen, la Junta puede, y perdonen el uso de lenguaje poético, jodernos vivos con su tóxico amor. Por eso es recomendable la lectura atenta del siguiente opúsculo:

Este libelito, cortesía de la Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía (APIA), advierte de forma preclara algunas situaciones en las que nuestros superiores jerárquicos -sabedores de que demasiada información nubla las entendederas del lacayo y le inspiran una maléfica ansia de libertad- nos llevan, como se dice popularmente, al huerto y nos tratan, no ya como a infantes a los que se dirige sin consultar, sino como a reses estabuladas. Que es, por otro lado, lo que nos merecemos, dado el nulo orgullo que nos esforzamos en exhibir siempre que tenemos ocasión.

P. S. Acabo de reparar en que no les he revelado que, desde finales del curso pasado, soy asociado de APIA. Lo he hecho con el convencimiento de que equivocarse siempre es mejor que no hacer nada. Son libres de opinar lo que quieran, como siempre, y les agradecería que lo hicieran.


Por qué los profesores jamás ganaremos una huelga

24 abril, 2010

 

El PE charla con P. a la salida de las clases. P. es un atípico profesor de instituto. No dice lugares comunes. Lee. Es un Jeckyll & Hyde cultural que pasa sin rubor de cantar por los Chunguitos a los Kindertotenlieder de Mahler, en el mismo golpe de voz. Es capaz de escribir sin faltas de ortografía, de abrir signos de interrogación y exclamación. Además, P. tiene una vida laboral anterior a la enseñanza, con lo que no está aquejado de ese melancólico mal causado por respirar desde la infancia a la jubilación aire cargado de polvo de tiza. Esa pleuresía del docente.

Bien, como decíamos, PE y P. charlan sobre sendos vasos de cerveza, llevándose la contraria como de costumbre, sobre avatares de la profesión; en concreto, sobre las pequeñas miserias y cainismos que conforman, pincelada a pincelada, el maloliente fresco de la vida diaria escolar. Y P. asesta una de sus estocadas, lo que Larson llama un “classic conversation stopper”:

-En esta profesión uno no tiene compañeros; se tienen vecinos.


El ordenador nuevo del emperador, o de la Escuela 2.0 como McGuffin (I)

11 abril, 2010

 

“Es frecuente oir que no hay edad demasiado temprana para introducir el ordenador en la vida de los niños, como una máquina universal del aprendizaje y del saber. Según se dice, los niños deberían ya desde pequeños criarse con el ordenador para poder incorporarlo como elemento natural en la vida cotidiana y, sobre todo, para aprender a sacarle provecho. ¿Es preciso que los bebés y niños de corta edad se familiaricen con el ordenador? ¿Es necesario introducirlo en las guarderías? ¿O bien sólo a partir de quinto o sexto de primaria, o incluso en la secundaria? (…) Durante los primeros tres años de vida, el niño aprende numerosas cosas muy básicas: (…)  la constancia de los objetos, la invariabilidad de determinadas magnitudes, las posibilidades de manipulación de objetos y de otras personas, la obtención de placer o descontento (…). La condición previa para que ello pueda ocurrir es la posibilidad de interaccionar con el mundo. En el fondo, es muy simple: sólo tocando el agua puedo aprender lo que significa que el agua moja. Si a la vez oigo un goteo, veo olas y reflejos, huelo tal vez el mar o la hierba a orillas de un lago, consigo una impresión general que me conduce a adquirir –junto con otras numerosas experiencias– una representación compleja y diferenciada del agua. Si el niño no tiene esta representación interna no podrá tampoco comprender las imágenes más coloreadas o los sonidos más intensos que salen del ordenador. La acción recíproca ya efectuada con la realidad es, por tanto, un requisito previo para manejar mínimamente la realidad virtual del ordenador. Según mi opinión, de todo ello se deduce algo muy claro: los ordenadores no tienen nada que hacer en las habitaciones de los niños, en las guarderías y en la etapa preescolar. Incluso en la etapa escolar, su uso debería valorarse de una forma mucho más crítica de lo que cabe deducir de la actual euforia (…).” [Las cursivas son del PE]

Aprendizaje: Neurociencia y la Escuela de la Vida (2005), Manfred Spitzer, Trad. Elena Torres.


Contra la humanidad, con motivo de los profesores de secundaria (I)

30 marzo, 2010

 

Probablemente fue Groucho Marx quien dijo aquello de que jamás pertenecería a un club que le aceptara como socio. Bien, en todo caso, de todos los hermanos Marx, es más probable que lo dijera Groucho y no Karl. Esto viene al caso porque la patológica relación del PE con su trabajo es la evidencia de pertenecer a un club que le acepta como socio, pero que él desprecia. Ah, los profesores de secundaria. Cuántas veces ha ido paseando el PE con su pareja y, al ver acercarse una grey incolora, le ha susurrado “¿qué te apuestas a que son profesores de instituto?”… al cabo del rato se distingue la cansina melopea sobre los concursos de traslados, que se pierde felizmente en la distancia mientras apretamos el paso. Puf.

Recuerdo un chiste que me hizo cierta gracia: “¿qué es un arquitecto? un tipo que no tiene lo que hay que tener para ser ingeniero ni es lo suficientemente afeminado para ser diseñador” (perdonen la falta de tacos, que hace el chiste ilegible; sólo digo tacos a cara descubierta). Se lo conté a un amigo arquitecto que, curiosamente, no lo recibió con aplausos. Pues bien: iba a adaptar el chiste a los distintos cuerpos docentes, pero me han surgido dudas. Me decanto por la siguiente versión: “¿qué es un profesor de secundaria? un tipo que no es lo suficientemente afeminado ni para ser maestro ni para ser profesor de universidad”. En fin, como me dijo X (que es gay) de nuestro común conocido Y, cuyo ambiguo aspecto genera equívocos entre unos y otros: “¿Y? ése no es ni maricón.


Hasta los más largos viajes comienzan por un solo paso

29 marzo, 2010

 

Hola, bienvenidos. La Bitácora del Profesor Estupefacto es un espacio de comunicación distante igualmente del cinismo y del angelismo. Su anfitrión, el Profesor Estupefacto (en adelante, PE), da clases de Matemáticas en un instituto de una capital andaluza. Esta bitácora responde a su necesidad de encontrar un foro docente sin pataletas, sin peloteos, sin censura ni lugares comunes. Revelar la identidad del PE podría ocasionarles serios problemas a él y a sus allegados, y comprometería algunos de los contenidos de la bitácora (ya verán, ya). Dicho en lenguaje poético, el PE se jiña. Las entradas y comentarios se hallan sujetos a un rigidísimo Libro de Estilo, cuyas normas principales (por ahora) son: el anonimato se usará con responsabilidad, el ingenio no disculpa la necedad, las faltas de ortografía deberían ser penadas con latigazos. La corrección política suele denotar idiocia, pero, lamentablemente, la incorrección política no garantiza ideas valiosas. Nos vemos por aquí.