Señales de humo

23 junio, 2010

Fumar, signo de distinción

¿Cómo se puede medir la categoría media de los ciudadanos de un país? ¿Cómo describir, sucintamente, su calaña? Quizás, mediante lo peor de lo que son capaces sus élites, o lo mejor de lo que es capaz su gentuza. Respecto del tabaco, queridos, he de concluir que la inmensa mayoría de los españoles se inscriben inequívocamente en la segunda rúbrica. Han leído bien: digo que la mayor parte de los fumadores españoles son chusma. Gentuza sin principios, sin respeto, gente dejada, sin modales, bestias. Provectos plutócratas y canis de vertedero fuman como chimeneas al lado de bebés. Mujeres embarazadas, enfermos diagnosticados de cáncer, médicos… fuman sin recato, ostensiblemente, haciendo alarde de lo que debería ser motivo de oprobio.

Ah, los médicos…

Hasta hace relativamente poco era común que nos recibieran fumando en su consulta, los muy bastardos. Recuerdo que, sufridor de una leve molestia lumbar, fui a un traumatólogo que enarbolaba un habano hediondo. Le rogué que lo apagara.  Su venganza fue hacerme radiografiar desde el occipucio hasta las falanginas de los dedos de los pies. La exposición a los rayos X me indujo una leve fosforescencia que me hacía visible en las noches cerradas durante una buena temporada. En otra ocasión, fui a un internista por algún episodio de ligereza intestinal. El canalla fumaba y yo cometí el error táctico de reprobárselo. Contraatacó y me dispuso en decúbito prono, en donde, como describió magistralmente Lawrence de Arabia, asaltó la ciudadela de mi hombría. Esa es la experiencia más aproximada al ayuntamiento entre varones a la que el Profesor Estupefacto ha tenido acceso. Y, francamente, mis prejuicios y prevenciones contra el coito entre iguales se vieron decuplicados tras el infeliz tránsito.

Pero, como siempre, me voy por la tangente; en este caso, la tangente hiperbólica. Volvamos al tabaco. ¿Qué benemérita empresa puede aunar los esfuerzos de gente tan dispar como Antonio Burgos, Moncho Alpuente, Luis Antonio de Villena, Alfonso Ussía, Fernando Savater, Fernando Vizcaíno Casas (q.e.p.d.) o Carmen Rico Godoy (idem)? ¿la lucha contra ETA? ¿la defensa de los valores de occidente frente a la barbarie islamista? ¿reivindicar el español, lengua perseguida en varias autonomías? no… el Club de Fumadores por la Tolerancia. Semejante oxímoron se agrava al visitar la página de inicio de la web de estos sujetos:

Ah, qué aroma fresco a Ducados...

Qué profusión de verdes y azules. Qué aspecto saludable el de la risueña pareja. Casi se respira la brisa fresca. ¿Es un anuncio de agua mineral? ¿Quizás de una dieta depurativa? No, no. Entonces, ¿y los cigarritos? ¿Y la ceniza? ¿y el humito? ¿por qué no unos cálidos tonos alquitranados, grises, pardos, mucho más apropiados? Claro es que, a la par que apropiados, son más realistas…

No, queridos, el color no es siempre cuestión de raza

No nos sorprende que las actividades recreativas de este filantrópico club estén financiadas por las tabaqueras. Realmente, pasar de mero adicto a esbirro apesebrado es, en todas las mafias, una subida de categoría.

 

Fumador por la Tolerancia, antes del Photoshop. Las uñas. Aaargh.

De Trinidad Jiménez y su psociata ley antitabaco del 2005, “la puntita nada más” ¿qué podemos decir que no haya sido mil veces repetido? Como siempre, su pusilanimidad les lleva a intentar arreglar los problemas a medias, lo que origina problemas nuevos. ¿Lograrán hacer algo a derechas (no pun intended) con la siguiente ley?

 No crean que mi falta de querencia por la grey psociata me arrima en lo más mínimo a las huestes PPras. Esperanza Aguirre, cuya jeta de cemento y falta de redaños a la hora de entrar a matar están sobradamente documentadas, debería agarrar uno de esos puros con los que probablemente perdió la mocedad (pun intended) y fumárselo estilo Emmanuelle, no sé si me explico, en una esas bodas de gente-bien en las que la PPresidenta de la Comunidad de Madrid quería ver a no fumadores en general y niños en particular, digamos, empurados.

 Bien, queridos, es momento de finalizar esta rúbrica ya demasiado larga. Que, como tantas otras mías, en realidad trata de nuestro problema fundamental: España. Como dijo alguien, ¿Cómo sabemos que hemos llegado a un aeropuerto español? Muy fácil; por el agrio aliento a café con leche y a tabaco que se pega en la ropa cuando va uno por los pasillos. A todos ustedes, fumadores invasivos, sólo les deseo lo que ustedes se buscan. Nada más.

 P.S. Fernando Vizcaíno Casas y Carmen Rico Godoy murieron de cáncer; probablemente, muchos de los fumadores pasivos que les rodeaban, también.

Anuncios

Expaña (II): así nos va, así nos irá

12 junio, 2010

Funcionario estándar

 

Intentaré ser claro y breve.

¿Me identifico con CCOO, UGT, y su obvio papel de mamporreros psociatas y judas de los trabajadores y España en general? No.

¿Creo que la convocatoria de huelga del día 8 de Junio era sincera y honrada? No.

¿Hizo huelga el Profesor Estupefacto? Sí.

¿Cree el Profesor Estupefacto las huelgas son un medio, o una afirmación de principios políticos? Son un medio; en este caso, un medio apestoso.

¿Era previsible cualquier otra medida de protesta o presión por parte de los funcionarios ante el recorte salarial, o es previsible ahora? No.

¿Cree el Profesor Estupefacto que era mejor hacer esta huelga lamentable antes que dejar claro al gobierno que somos un colectivo inerme? Sí.

¿La lectura que el poder le da al fracaso de la huelga es que pueden hacer con los funcionarios lo que quieran? Sí.

Cuán cansinamente español resulta dejarse violar por el gobierno por tal de darle en la testuz a los sindicatos, como aquel personaje de Díaz-Plaja que se hacía sacar un ojo por tal de dejar ciego a su vecino. Qué tedio de España. Estoy por votar a Esquerra Republicana en las siguientes generales, a ver si revienta todo de una vez. Porque si voto a Duran i Lleida, puede ser que el tinglado hasta sobreviva.


El ordenador nuevo del emperador, o de la Escuela 2.0 como McGuffin (II)

9 junio, 2010

Aquellos de mis lectores pertenecientes a la clase de los anélidos (sanguijuelas, lombrices, psicopedorretos…) puede que me consideren un hirsuto representante del docente carpetovetónico; ya saben, mis chanzas con los compañero-compañera, los pagüerpoins, mis puyitas al psocialismo y a Andalucía Imparable en caída libre… nada más lejos de la realidad, invertebrados: el Profesor Estupefacto es un bello representante del feo sexo. Extremo mi higiene dental hasta desgastar mis premolares, jamás (desde que tengo uso de razón) mezclo rayas con cuadros, mis apéndices auriculares lucen lampiños… ¡y uso el ordenador en el aula! guau, Estupefacto… ¿de verdad? ¿de verdad un profe PPero como tú hace uso de esas nuevas tecnologías que el Gran Timonel nos ha concedido graciosamente? De verdad, de verdad… todos aquellos profesores ágrafos, que no distinguen un iPad de una bandeja del McDonalds, no saben lo que se pierden… por ejemplo, mi alumno E.; si le diéramos a E. una navaja suiza y lo tirásemos en la franja de Gaza, les aseguro que no quedaba ni un sólo asentamiento judío (ni palestino). Bien, el Profesor Estupefacto repara en que E. lleva veinte minutos callado mirando la pantalla de su PC… ¿qué pasará? ¿habrá burlado el filtro de contenidos y estará presenciando un alegre follisqueo? No… lleva veinte minutos mirando el salvapantallas… ¡algo bueno tenía que tener el Guadalinex, rediós! Pero me disperso, me disperso; les iba a contar otra cosa. El PE les está presentando a sus alumnos un libro electrónico con un complejo material que promete (si funciona) ser la panacea universal. Los alumnos se introducen en el servidor con sus claves, el PE les indica la unidad que tienen que abrir del libro (repito: libro) electrónico y, al ver lo que sale en pantalla, T. (por cierto: uno de mis mejores alumnos) exclama: “¡Pero bueno! ¿Esto qué timo es? ¡Aquí hay que leer!”